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Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un retrovirus
que se caracteriza por poseer una cubierta interna o "core", que contiene
el ARN, constituida por proteínas, y una envoltura externa, formada por glicoproteínas.
En el interior del core, además del ARN se encuentra una enzima denominada
transcriptasa inversa, que es lo que define a un retrovirus y esencial para
su replicación.
Al igual que los demás virus, el VIH no puede sobrevivir de forma independiente
y lo ha de hacer en el interior de una célula. El VIH tiene la particularidad
de invadir y destruir al linfocito T4 que es el director de toda la respuesta
inmune, ya que coordina los demás tipos de células que intervienen en la defensa
del organismo.
Para poder invadir a los linfocitos T4 el VIH debe insertar su código
genético (formado por ARN),en el código genético de los
linfocitos T4 (constituido por ADN).
Estos dos programas no son compatibles. Es por ello por lo que el virus debe
previamente transformar su código genético ARN en ADN, y esto
lo hace gracias a la transcriptasa inversa. Una vez que el VIH ha implantado
su código genético en el de los linfocitos T4, va a poder replicarse a expensas
de esos linfocitos y destruírlos finalmente, alterando así el sistema inmunitario.
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El VIH es un virus miembro de una familia
conocida como Retrovirus, la palabra “retro” viene del latín y significa
dar marcha atrás, retroceder. En el caso del VIH, retrovirus hace
referencia a que el virus almacena su información genética en forma
de ARN, que ha de ser transcrito o traducido a la forma de ADN como
condición previa para que el virus pueda reproducirse dentro del organismo.
Este proceso es inverso a lo que sucede en la mayoría de los seres
vivos, que guardan su información genética en ADN y necesitan traducirla
a ARN como condición previa para poder reproducirse. El VIH se compone
fundamentalmente de una envoltura exterior muy parecida a la envoltura
o membrana de las células, una coraza interior de proteínas que da
forma al virus y tiene como misión proteger al tercer y último componente:
el material genético del virus, que viene en forma de dos cadenas
o hileras de genes hechos con ARN y tres enzimas (proteínas especializadas):
la transcriptasa inversa, la integrasa y la proteasa; que están encargadas
de controlar los distintos pasos que el virus necesita cumplir para
reproducirse dentro de las células infectadas.
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Para que el VIH se reproduzca intervienen tres enzimas que regulan las fases
más importantes del proceso:
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1. La
Transcriptasa inversa: Una vez que el virus se ha anclado al receptor
CD4 y logra entrar en la célula, su coraza y su membrana externa se
disuelven dentro de la misma quedando libre su material genético en
forma de ARN. Este ARN debe ser traducido a ADN que es el material en
el que están los genes de la célula, ya que si no, ésta no podría procesar
la información genética del virus y fabricar nuevos virus. Esta transcripción
corre a cuenta de la enzima Transcriptasa Inversa. El proceso es bastante
rudimentario y la enzima comete equivocaciones con frecuencia que dan
lugar a un gran número de mutaciones (cambios accidentales en el material
genético del virus). Muchas de esas mutaciones dan lugar a partículas
del VIH que no son viables o que no pueden reproducirse nuevamente,
pero otras pueden dar lugar a subtipos del virus más agresivos o resistentes
a medicamentos.
2. La Integrasa: Cuando la transcripción ya
se ha producido, el siguiente paso es introducir o integrar el material
genético del virus en el de la célula (en el genoma de la célula que
está situado en el núcleo). Esta tarea la lleva a cabo la enzima integrasa.
El material genético del VIH queda así en el interior del genoma de
la célula hasta que ésta se activa. Las células CD4 se activan permanentemente,
cada vez que reciben un mensaje químico (interleukina) o que entran
en contacto con un anticuerpo o con un antígeno. Igualmente, cuando
la célula inicia su proceso de reproducción, que consiste en dividirse
y dar origen a dos células iguales también ocurre que se inicia la fabricación
de partículas de VIH. Esta activación casi permanente determina que
la célula esté produciendo partículas de VIH casi constantemente, lo
cual es la causa fundamental del avance de la infección.
3. La proteasa: La proteasa es una especie
de “enzima albañil”. Su función consiste en cortar y moldear las proteínas
virales que la célula comienza a fabricar cada vez que se activa. La
proteasa prepara dichas proteínas para su ensamblaje, proceso que dará
como resultado un nuevo virus. Una vez que el virus está conformado,
emigra hacia el borde de la célula y sale al exterior rompiendo y envolviéndose
con un trozo de la membrana celular. En ese momento, está listo para
infectar una nueva célula y reiniciar todo el proceso. De la actividad
de la proteasa depende que la célula sea capaz de producir virus completos
y con capacidad para infectar.
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Nota: este proceso reproductivo del VIH, se produce de forma natural, es decir sin la intervención de ningún tratamiento antirretroviral que pueda modificarlo.
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Si deseas visualizar este proceso en movimiento (en inglés)
pincha
os seres humanos disponemos, como el resto de los seres vivos, de un sistema defensivo frente a los diferentes microorganismos (virus, bacterias, hongos y parásitos) existentes en los diversos ecosistemas en los que habitamos.
Este sistema defensivo, el Sistema Inmunitario, está constituido como cualquier otro sistema biológico por células, distribuidas en diferentes órganos que se comunican por los vasos sanguíneos y linfáticos. Las células implicadas en primer lugar son los linfocitos que desde los ganglios linfáticos y a través de la circulación linfática y sanguínea acceden a cualquier puerta de entrada de estos microorganismos.
Existen dos tipos de linfocitos: los linfocitos B y los linfocitos T:
• Los linfocitos B son los encargados de producir las inmunoglobulinas,
es decir, los Anticuerpos.
• Los linfocitos T son los encargados de adecuar la respuesta inmune,
existen diferentes subgrupos:
- Linfocitos T4 CD4 facilitadores, encargados
de poner en marcha la respuesta inmune.
- Linfocitos T4 Citotóxicos,
cuya misión es destruir cualquier estructura reconocida como antígeno y que
son activados por las células CD4.
- Linfocitos T Supresores, células
T8, que suprimen la respuesta inmunitaria tanto celular como humoral.
- Los
Macrófagos, que son otra variedad de glóbulos blancos y que intervienen
de manera muy activa en la respuesta inmune.
El sistema inmunitario, mediante las células linfocitarias, es capaz de reconocer
cualquier sustancia u organismo extraño que entre en contacto con el torrente
sanguíneo. Este reconocimiento se realiza a través de estructuras específicas
que pueden estar en la pared bacteriana o vírica, restos celulares, toxinas,
células tumorales o células extrañas en el caso de un transplante. A estas
estructuras que producen una respuesta inmunitaria específica se les denomina
Antígenos.
Existen dos tipos de inmunidad, la humoral y la celular. Dependiendo del tipo de agente infeccioso o tipo de antígeno, predomina la respuesta de un tipo u otro. Si el agente es extracelular el componente principal de la respuesta de defensa va a ser una importante producción de anticuerpos. Si el organismo patógeno actúa fundamentalmente a nivel intracelular la respuesta inmunitaria predominante es la celular.
Cuando el VIH entra en la circulación sanguínea es reconocido como un antígeno y produce una respuesta inmunitaria con la siguiente secuencia de fenómenos:
• Al entrar en contacto con los linfocitos B, éstos producen anticuerpos que intentan controlar su diseminación; estos anticuerpos se pueden detectar entre el mes y medio y los tres meses después de la infección.
• Esta producción de anticuerpos no es capaz de neutralizar del todo la viremia (virus circulante en sangre).
• Simultáneamente, entrará en contacto con los macrófagos que inmediatamente intentarán bloquearlo y destruirlo, presentándoselo a los Linfocitos T4.
Desde que el VIH entra en contacto con el organismo se produce una alta multiplicación del virus, cada dos o tres días se producen alrededor de 1.000 millones de virus, el organismo contrarresta con una producción de unos 2.000 millones de Linfocitos T CD4 por día. Esta situación se suele mantener durante las primeras semanas de la infección, pasando en la fase asintomática a periodos de alta viremia y periodos de muy baja actividad de replicación viral. Esta producción tan desorbitada de linfocitos va a ir produciendo la merma del sistema hasta llegar a su agotamiento.
na vez introducido el virus en el organismo, por alguna de las tres vías conocida -sanguínea, sexual o perinatal-, se multiplica en los linfocitos CD4 (T4). La infección atraviesa una serie de fases:
A los pocos días de su entrada en el organismo, el virus se reproduce muy activamente dando lugar a una alta viremia, es decir, a una gran concentración de virus en sangre. No se conoce con exactitud cómo y dónde se produce esta viremia que se denomina primaria, pero a continuación se multiplica con gran producción de virus en los ganglios linfáticos. A partir de ese momento, el sistema inmunitario del organismo reacciona y destruye la mayor parte del virus existente fuera de la células y el intracelular al destruir la célula infectada.
De tres a seis semanas después de producirse la infección del virus, alrededor de la mitad de los pacientes (60%-70%) desarrollan una breve enfermedad parecida a una gripe (fiebre, cansancio, ganglios inflamados en cuello, dolor de cabeza...). Estos síntomas pueden pasar desapercibidos ya que son manifestaciones habituales en otras infecciones; esto no significa que se debe de pensar en una infección por el VIH cada vez que las veas.
Generalmente entre la penetración del VIH en el organismo y la aparición de
anticuerpos anti-VIH transcurren varias semanas en las que el sujeto está
infectad@ y tiene capacidad de transmitirlo aunque todavía no se detectan
los anticuerpos en sangre. Este período se denomina “período
ventana”. Este periodo es variable, y a veces, puede prolongarse
durante varios meses, aunque lo habitual es que los anticuerpos se desarrollen
entre 4 y 8 semanas después de la infección.
Una vez presentes los anticuerpos, el sujeto se convierte en VIH+, es decir sufre la seroconversión. En esta situación puede permanecer en perfecto estado de salud e, incluso desconociendo su situación de infectad@ durante años.
En esta fase el virus se muestra aparentemente inactivo por un largo período de tiempo (tiempo variable y dependiente de múltiples factores). Es el lento deterioro del sistema inmunitario el que va poco a poco minando las defensas de la persona y de forma especial, el número y la funcionalidad de los linfocitos T4, hasta que entra en crisis la capacidad defensiva del paciente.
En condiciones normales, la cifra de T4 es de 1.000/mm3 . En un paciente infectado por el VIH, se calcula que se produce cada año un descenso de 40-80 linfocitos T4/mm3 y esto explica que al cabo de 8-10 años, el número de estos linfocitos alcance una cifra límite, por debajo de la cual empezará a sufrir las infecciones oportunistas y los procesos tumorales que caracterizan el Sida.
Como ya sabemos, la infección VIH es un proceso de evolución crónica y transcurren varios años entre la infección y la aparición del Sida. Existe una clasificación de estadíos de la infección del VIH, basada en el número de T4 y las infecciones oportunistas.
El VIH infecta de un modo mayoritario a las células CD4, que se transforman así en la principal plataforma de producción de nuevos virus en el organismo. Esta invasión masiva y creciente de los linfocitos CD4 lleva a que, en una ardua batalla entre el sistema inmunológico y el virus, el número y la eficacia de estas células va disminuyendo(por debajo de 200 CD4), de modo que la respuesta inmunitaria termina por volverse incompleta, no pudiendo hacer frente al VIH ni al resto de cuerpos o agentes extraños que entran en el cuerpo. De este modo comienzan a producirse signos, síntomas y enfermedades en las personas afectadas por el VIH que no afectarían normalmente a una persona sana, ya que hasta los cuerpos extraños o gérmenes que normalmente no son malignos, aprovechan la inmunodeficiencia para proliferar y dar lugar a los que se conocen como infecciones oportunistas. Es en este punto cuando se que la persona infectada por el VIH ha entrado en la fase de sida, y el sistema inmunitario está gravemente deteriorado.
Consideraciones importantes: cabe señalar que el VIH no sólo hace que
baje la cantidad de células CD4 en la sangre, desde un número normal de 1350
a 1000 por milímetro cúbico de plasma, hasta valores muy bajos en las fases
más avanzadas, de menos de 10 por mm3 y, en ciertos casos, ninguno; sino que
también produce una importante disminución en la variedad y en la adaptabilidad
de los linfocitos CD4 que van sobreviviendo.
os virus de la inmunodeficiencia humana varían extraordinariamente debido a que comenten una serie de errores al multiplicarse, , apareciendo así múltiples variantes. Algunas de estas variantes son letales, es decir que el virus con ese defecto genético no es capaz de sobrevivir, pero otras son viables mostrando pequeñas variaciones. Desde el punto de vista práctico, la alta variación que se produce en estos virus afecta a la epidemiología, al tropismo (la apetencia del virus por ciertas células del organismo), a la resistencia a los medicamentos antirretrovirales y a la dificultad para conseguir una vacuna protectora, aspectos todos ellos de enorme importancia en el control de la enfermedad.
La resistencia es la capacidad que cualquier microorganismo (virus, bacteria
o parásito) puede desarrollar para hacerse no vulnerable a los fármacos
que se suministran al paciente, es decir la medicación resulta totalmente
ineficaz.
La resistencia del virus a las drogas antirretrovirales es también
consecuencia de la variabilidad al aparecer mutaciones concretas que confieren
esas resistencias. Dado que la cantidad de virus y su variación es tan grande,
en cada población de virus o cuasiespecie se encontrarán todas las mutaciones
teóricamente posibles, con lo cual habrá cepas resistentes a los antirretrovirales
aun en pacientes que no hayan sido tratados con ese medicamento. Esto es a
lo que se denomina resistencias naturales, concepto de gran importancia que
indica que al poco tiempo de tratar con un medicamento de este tipo dejará
de hacer efecto, debiendo ser sustituido por otro.
Las mutaciones de los virus
tienen lugar, especialmente cuando no se cumple bien el tratamiento. Si la
persona seropositiva se está medicando con varias de las sustancias que los
virus han convertido en ineficaces, la proporción de virus resistentes aumenta
y, a través de un proceso de selección natural (mueren los “sensibles” pero
quedan los resistentes), éstos pueden llegar a convertirse en mayoritarios.
Tipos de resistencias.
Según cuando el virus ha adquirido la resistencia,
se habla de resistencia primaria (el virus ya tenía esa resistencia antes
de infectar al nuevo paciente) o secundaria (el virus adquiere la resistencia
en el paciente tras recibir un tratamiento antirretroviral).
Según cómo se
detecta la resistencia, se denomina resistencia fenotípica (mide la resistencia
del virus en presencia de determinados fármacos) o genotípica (cuando se detecta
la resistencia como un cambio en el material genético del virus).
A veces
una versión mutante del VIH puede resistir más de un medicamento antirretroviral.
Cuando esto ocurre, los medicamentos presentan “resistencias cruzadas”.
En
definitiva, cuantos más procesos de mutación desarrolla el VIH, más difícil
resulta encontrar un medicamento para controlarlo.
OS CD4, un marcador importante del estado del
sistema inmunitario.
El sistema inmunitario es el mecanismo natural del cuerpo humano para protegerse
frente a las enfermedades, es decir defensas. Generalmente cuando hablamos
de defensas, nos referimos al número de linfocitos CD4 que contiene un milímetro
cúbico de sangres (mm3). Con el recuento de CD4 sabremos cuántas de estas
células contiene tu muestra de sangre y en qué estado se encuentra tu sistema
inmunitario. Se considera que la infección progresa a sida cuando el recuento
de células CD4 es menor de 200 cel/mm3.
El número normal de CD4 es de entre 1.350 y 1.000 por milímetro cúbico de
sangre. Esto quiere decir que una persona con 500 CD4 está en una situación
delicada desde el punto de vista inmunológico y que puede agravarse rápidamente
en los meses siguientes. Generalmente, la mayoría de los síntomas y padecimientos
leves relacionados con el VIH comienzan a aparecer cuando la persona está
en cifras próximas a los 500 CD4. Algunos problemas como la plaquetopenia
(disminución del número de plaquetas) y molestias gástricas o pérdidas de
peso pueden comenzar en este punto. Por debajo de 350 CD4 pueden desarrollarse
ya enfermedades oportunistas como la tuberculosis y la candidiasis. Por debajo
de 250 CD4 el riesgo de sufrir reapariciones de infecciones oportunistas ya
superadas o de sufrir más de una infección oportunista a la vez es bastante
alto. En este nivel, una persona ya debería estar tomando algún tipo de profilaxis
para dichas infecciones. Por debajo de 200 CD4 el riesgo de desarrollar un
linfoma o un sarcoma (formas de cáncer) aumenta y la pérdida de familias de
CD4 es tan importante que hace más difícil recuperar la calidad del sistema
inmunitario en niveles aceptables. Cifras menores de CD4 implican un estado
muy avanzado de la infección.
Por otra parte hay que tener en cuenta que el número de CD4 puede presentar
oscilaciones hacia arriba o hacia abajo dependiendo de varios factores (ajenos
al VIH y a los antirretrovirales), tales como una infección pasajera (gripe,
sinusitis, diarrea), el inicio o el abandono de la toma de un antibiótico,
etc.
En resumen, se puede decir que el número de CD4 es un indicador de la potencia
del sistema inmunitario más que de la velocidad a la cual avanza la infección.
A CARGA VIRAL, el velocímetro
del VIH.
El VIH se multiplica en el interior de la célula CD4 hasta que se rompe. Entonces
gran cantidad de virus pasan a sangre. La carga viral es la cantidad de virus
VIH que hay en la sangre de una persona infectada y se mide en “copias” o
células/milímetro cúbico. Con el término de carga viral se entiende el número
de partículas víricas circulantes y se cuantifica el número de copias de RNA
vírico por milímetro cúbico.
La cantidad de virus en la sangre es un factor que permite saber, en un instante
determinado, cual es el grado de actividad del virus en el organismo. Comparando
valores sucesivos de la carga viral se puede saber si este grado irá en aumento,
si ha disminuido o si está estabilizado. La actividad del virus tiene una
influencia directa a corto y medio plazo sobre el número y la calidad de los
CD4, así como sobre el progreso o posible aparición de infecciones como las
hepatitis, los herpes, los sarcomas y linfomas relacionados con virus, y problemas
neurológicos varios. De modo que la carga viral es un pronóstico de gran precisión
e importancia para saber qué, cómo, cuándo y con qué intensidad puede ocurrir
en la evolución de la infección en una persona determinada. Además, al ser
un valor que tiene una respuesta instantánea (días) a la aplicación de tratamientos
antirretrovirales, y a la actividad de otros gérmenes en el organismo, se
puede saber sobre la marcha si un tratamiento funciona bien o si han aparecido
resistencias, y también sobre si se puede estar gestando o no una posible
infección oportunista. Nada de esto era posible anteriormente, cuando el único
indicador disponible era el número de CD4. El valor ideal de la carga viral
en la sangre y en la linfa es el más próximo posible a cero. Una persona con
una infección que progrese rápidamente (independientemente del número de CD4),
puede llegar a tener, en un momento dado, valores de carga viral superiores
a un millón de partículas por mililitro de sangre o de linfa. Actualmente
se considera que toda persona con una carga viral que esté entre 1.000 y 5.000
copias debe iniciar un tratamiento antirretroviral con terapia combinada.
De modo que valores superiores a las 5.000 o 10.000 copias deben ser considerados
preocupantes indicadores de progresión de la infección y hay que actuar lo
antes posible.
Por lo tanto, conocer la carga viral de un paciente infectado por el VIH nos
permitirá:
• Decidir cuando iniciar el
tratamiento.
• Valorar la respuesta al
tratamiento.
• Determinar cuándo se debe
hacer un cambio en la terapéutica.
• Hacer una evaluación pronóstica
del paciente.
En la actualidad hay tres métodos para medir la carga viral:
• PCR o de reacción en cadena
de la polimerasa.
• B-DNA o de ADN ramificado.
• NASBA o de amplificación
de secuencias de bases de ácido nucléico.
Tener una “carga viral indetectable” no quiere
decir estar curado o que no hay virus, significa que hay una cantidad muy
pequeña del virus que no se puede detectar (actualmente la mayoría de los
centros pueden detectar como mínimo 20 copias por mililitro de sangre).
Se recomienda que el seguimiento de la carga viral en un paciente se haga
siempre con la misma técnica y a ser posible en el mismo laboratorio. Una
vacunación reciente o una infección pueden alterar también transitoriamente
los valores de la carga viral. Por tanto, conviene siempre informarse e informar
al médico sobre todos estos aspectos.