historia del VIH
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SIDA, una epidemia mundial

INFORMES ANUALES DE ONUSIDA

Durante el último cuarto de siglo, el VIH ha infectado a cerca de 65 millones de personas, y se estima que 25 millones han fallecido por enfermedades relacionadas con el SIDA. Se calcula que, en el momento actual, cerca de 40 millones de personas viven con el VIH. Sin embargo, la inmensa mayoría no es consciente de su estado.
El SIDA es excepcional, y la respuesta al SIDA debe ser igualmente excepcional. El SIDA requiere liderazgo continuado tanto a nivel nacional como internacional. Después de 25 años de epidemia, la respuesta mundial al SIDA tiene que pasar de un planteamiento de gestión de crisis episódica a una respuesta estratégica que reconozca la necesidad de generación de capacidad y compromiso a largo plazo, utilizando estrategias basadas en pruebas que aborden los factores estructurales que impulsan la epidemia.
A pesar de los considerables avances llevados a cabo desde 2001, todavía no se aprecia el liderazgo consecuente que se requiere para ralentizar, contener y hacer retroceder la epidemia. Aunque el Informe del Secretario General a la Asamblea General de las Naciones Unidas destaca numerosos progresos en la respuesta mundial al SIDA desde 2001, también indica claramente que la acción global ha sido insuficiente, con éxitos desiguales entre los países y regiones y dentro de ellos mismos.

PANORAMA GENERAL DE LA EPIDEMIA

A pesar de las recientes mejoras en el terreno del acceso al tratamiento antirretrovírico y la atención en muchas regiones del mundo, se estima que a final de 2005 había 38,6 millones [33,4-46,0 millones] de personas en todo el mundo que vivían con el VIH; que en el curso del año 4,1 millones [3,4-6,2 millones] contrajeron la infección por el VIH, y que 2,8 millones [2,4-3,3 millones] perdieron la vida a causa del SIDA.
Se cree que, a nivel mundial, la tasa de incidencia del VIH (el numero anual de nuevas infecciones por el VIH como proporción de las personas previamente no infectadas) alcanzó su cota máxima a finales de los años 1990 y que se ha estabilizado desde entonces, a pesar de una incidencia creciente en varios países.
En diversos países, las tendencias favorables en la incidencia se relacionan con programas de prevención y cambios de comportamiento. Las modificaciones en la incidencia, junto con la mayor mortalidad por SIDA, han provocado la nivelación de la prevalencia mundial del VIH (la proporción de personas que viven con el VIH). Sin embargo, el número de personas que viven con el VIH ha seguido aumentando a causa del crecimiento de la población y, en fechas mas recientes, los efectos de la terapia antirretrovírica sobre la esperanza de vida.
En África subsahariana, la región con carga máxima de la epidemia de SIDA, los datos también indican que la tasa de incidencia del VIH ha alcanzado su cenit en la mayoría de los países. No obstante, las epidemias en esta región son muy diversas y especialmente graves en África meridional, donde algunas de ellas todavía siguen expandiéndose. Los datos de las últimas encuestas subrayan el impacto desproporcionado de la epidemia de SIDA en las mujeres, sobre todo en África subsahariana, donde, en promedio, hay tres mujeres VIH-positivas por cada dos varones. Entre los jóvenes (15-24 años), esta relación se amplía considerablemente: tres mujeres jóvenes por cada varón del mismo grupo de edad. Entre las nuevas tendencias más destacables cabe señalar los descensos recientes en la prevalencia nacional del VIH1 en dos países de África subsahariana (Kenya y Zimbabwe), en zonas urbanas de Burkina Faso y también en Haití, Caribe, junto con indicios de un cambio significativo de comportamiento (como mayor utilización de preservativos, menos parejas e inicio más tardío de la actividad sexual). En el resto de África subsahariana, la mayoría de las epidemias parece haberse estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente altos en la mayor parte de África meridional.
La prevalencia del VIH también está disminuyendo en cuatro estados de la India, incluido Tamil Nadu, donde los esfuerzos de prevención se ampliaron considerablemente a finales del decenio de 1990. En Camboya y Tailandia se observan descensos uniformes y continuados en la prevalencia del VIH. La prevalencia, sin embargo, está aumentando en otros países, especialmente China, Indonesia, Viet Nam y Papua Nueva Guinea, y hay signos de brotes del VIH en Bangladesh y Pakistán.
La mayoría de las personas que viven con el VIH en Europa oriental y Asia central se encuentra en dos países: Ucrania, donde continúa aumentando el número anual de nuevos diagnósticos de VIH, y la Federación de Rusia, que tiene la mayor epidemia de SIDA de toda Europa.
Mientras tanto, en los Estados Unidos de América y en algunos países de Europa siguen observándose indicios de epidemias resurgentes entre varones que tienen relaciones sexuales con varones, y existen epidemias esencialmente ocultas entre sus homólogos de América Latina y Asia.
En diciembre de 2005, más de 1,3 millones de personas estaban recibiendo tratamiento antirretrovírico en países de ingresos bajos y medianos, en comparación con unas 400.000 personas dos años antes. En África subsahariana, el número de personas tratadas aumentó más de ocho veces (de 100.000 a 810.000) entre 2003 y 2005, y más de dos veces solo en 2005. Esta tendencia es debida principalmente al mayor acceso al tratamiento en unos pocos países (en particular, Botswana, Kenya, Sudáfrica, Uganda y Zambia). El número de personas que reciben tratamiento antirretrovírico en Asia aumentó casi tres veces, hasta 180.000 en 2005.
África subsahariana sigue siendo la región más afectada del mundo, con poco más de una décima parte de la población mundial, alberga casi el 64% de todas las personas que viven con el VIH: 24,5 millones. Las tasas de nuevas infecciones por el VIH alcanzaron su cota máxima a finales de los años 1990, y algunas de sus epidemias muestran descensos recientes, especialmente en Kenya, Zimbabwe y en zonas urbanas de Burkina Faso. En conjunto, la prevalencia del VIH en esta región parece que se ha estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente altos en África meridional. Esta "estabilización" aparente de la epidemia refleja una situación en la que el número de nuevos casos de infección por el VIH se equilibra más o menos con el numero de personas que fallecen por enfermedades relacionadas con el SIDA.

DESIGUALDAD, GÉNERO Y VIH

En muchos lugares, los esfuerzos de prevención del VIH no tienen en cuenta las desigualdades en función del sexo y de otras índoles que configuran el comportamiento de las personas y limitan sus opciones. Muchas estrategias relacionadas con el VIH presuponen un mundo idealizado en el que todos son iguales y libres para tomar decisiones autorizadas, y en el que pueden optar por abstenerse de relaciones sexuales, permanecer fieles a una sola pareja o usar preservativos habitualmente. En la realidad, las mujeres y muchachas se enfrentan a toda una serie de vulnerabilidades y factores de riesgo relacionados con el VIH que no afectan a los varones y muchachos, muchos de los cuales están implícitos en las relaciones sociales y las realidades económicas de sus sociedades. Tales factores no son fáciles de suprimir o alterar, pero mientras esto no se consiga, es improbable que los esfuerzos para contener y hacer retroceder la epidemia de VIH alcancen un éxito sostenido.
Las relaciones con múltiples parejas, recompensadas con "regalos", constituyen una estrategia fundamental de supervivencia para muchas mujeres pobres. Impulsadas por la pobreza y el deseo de una vida mejor, esas mujeres y muchachas pueden acabar utilizando el sexo como artículo de consumo que intercambian -a menudo con varones mayores que ellas- por bienes, servicios, dinero, alojamiento u otras necesidades básicas. Este "sexo transaccional" implica relaciones sexuales no conyugales, a menudo con múltiples parejas masculinas de mayor edad, lo que es reflejo de la posición económica superior de los varones y su mayor acceso a recursos; las dificultades de las mujeres para satisfacer sus necesidades básicas, y el valor cultural que se asigna a los varones que tienen múltiples parejas sexuales (Jewkes y Wood, 2001).
Uno de los rasgos definitorios de África meridional -la subregión más afectada del mundo- es su desigualdad social y económica, no sólo entre ricos y pobres sino también entre los pobres. La relación entre prevalencia del VIH e indicadores socioeconómicos es sumamente compleja. De todas formas, las desigualdades sociales, asentadas sobre un empobrecimiento generalizado y sobre las distorsiones que crean los sistemas de mano de obra migratoria -junto con una creciente cultura del "consumismo"-, generan un terreno fértil para el sexo transaccional, explotador, intergeneracional y de "supervivencia" en África meridional (Grupo de trabajo del Secretario General de las Naciones Unidas sobre mujeres, muchachas y SIDA en África meridional, 2004). Los sistemas de mano de obra migratoria han agravado enormemente la dependencia económica de las mujeres respecto a sus parejas masculinas, mucho más que en otras partes del continente donde las mujeres tienen un papel
más destacado en las transacciones de mercado y otras formas de actividad comercial. En toda esta subregión, las oportunidades de obtener ingresos son particularmente escasas para las mujeres con un bajo nivel educativo, y los sectores industriales en los que predomina el personal femenino (como la fabricación de ropa) se han visto muy afectados por pérdidas de trabajo relacionadas con cambios de aranceles y subvenciones. Esto ha debilitado aún más la condición económica de las mujeres, agravando las desigualdades de género y elevando posiblemente su vulnerabilidad al VIH (Hunter, 2002).
Es importante reconocer que el sexo también desempeña otras funciones sociales, y entronca con la necesidad de las personas de buscar y expresar confianza, con su búsqueda de posición social y autoestima y con sus esfuerzos para escapar de la soledad y aliviar el aburrimiento. Por ejemplo, las investigaciones en Sudáfrica indican que, en un contexto de empobrecimiento generalizado y altas tasas de desempleo (y en ausencia de actividades recreativas asequibles), las relaciones sexuales brindan a menudo una oportunidad para reforzar la autoestima, mejorar la posición social entre los iguales y paliar el aburrimiento (Jewkes, Vundule y Maforah, 2001). Lo que hace tan peligrosas estas ansias para muchas mujeres es que se manifiestan no sólo en zonas donde el VIH está firmemente arraigado, sino también en circunstancias marcadas por una agravante desigualdad de género, en las que los varones suelen jugar con ventaja y en las que las normas sociales y los marcos jurídicos tienden a reforzar con frecuencia tal ventaja.
La información y el conocimiento no son suficientes. Si se pretende que los esfuerzos de prevención resulten fructíferos a largo plazo, deben abordar las interacciones entre desigualdades socioeconómicas y de género y vulnerabilidad al VIH. Las actividades de prevención han de tener en cuenta las condiciones desiguales con las que la mayoría de las mujeres se ven obligadas a vivir. Las estrategias deben abordar el hecho de que, para millones de personas, el sexo puede ser una de las pocas formas valorizadas de capital que tienen a su disposición (Stephenson y Obasi, 2004; Cates, 2004). La adopción de riesgos sexuales por parte de muchachas y mujeres jóvenes está determinada en gran medida por relaciones desiguales de género y por un acceso desigual a recursos, bienes, oportunidades de ingresos y poder social. Hay que hacer mucho más para asegurar un sustento sostenible para las mujeres y muchachas -particularmente las que viven en hogares encabezados por mujeres-, si se pretende que sean capaces de protegerse contra la infección por el VIH y afrontar su impacto. El refuerzo de las oportunidades económicas y del poder social de las mujeres debería considerarse como una parte indisoluble de cualquier estrategia potencialmente satisfactoria y sostenible contra el SIDA.

Situacion de la epidemia 2007

Cada dia, mas de 6.800 personas contraen infeccion por el VIH y mas de 5.700 fallecen a causa del sida, en la mayoria de los casos debido a un acceso inadecuado a los servicios de prevencion y tratamiento del VIH. La pandemia del VIH sigue constituyendo uno de los desafios mas importantes en enfermedades infecciosas para la salud publica. No obstante, la evaluacion epidemiologica actual presenta elementos alentadores, ya que sugiere que:
• la prevalencia mundial de la infeccion por el VIH (porcentaje de personas infectadas por el virus) se mantiene en el mismo nivel, aunque el numero general de personas que viven con el VIH esta aumentando debido a la acumulacion continua de nuevas infecciones con periodos mas prolongados de supervivencia, medidos en una
poblacion general en constante crecimiento;
• existen reducciones localizadas en la prevalencia en paises especificos;
• se observa una reduccion en la mortalidad asociada al VIH, en parte atribuible al reciente aumento de acceso al tratamiento; y
• se logro una reduccion del numero de nuevas infecciones anuales por el VIH a nivel mundial.

La evaluacion de las tendencias mundiales y regionales sugiere que la pandemia ha formado dos patrones generales:
• epidemias generalizadas en las poblaciones generales de muchos paises de Africa subsahariana, en especial en la parte meridional del continente; y
• epidemias en el resto del mundo que se concentran principalmente entre las poblaciones de mayor riesgo, como los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, usuarios de drogas inyectables, profesionales del sexo y sus parejas sexuales.

DATOS 2007


ESTADÍSTICAS Y CARACTERÍSTICAS REGIONALES DEL VIH/SIDA EN 2007
REGIÓN
ADULTOS Y NIÑ@S CON VIH/SIDA
NUEVAS INFECCIONES POR VIH EN 2006 ADULTOS Y NIÑ@S
PREVALENCIA EN ADULTOS %
DEFUNCIONES DE ADULT@S Y NIÑ@S POR SIDA
África
subsahariana
22,5 millones
1,7 millones
5%
1,6 MILLONES
África del Norte
y Oriente Medio
380.000
35.000
0,3%
25.000
Asia meridional
y sudoriental
4 millones
340.000
0,3%
270.000
Asia oriental
800.000
92.000
0,1%
32.000
América Latina
1,6 millones
100.000
0,5%
58.000
Caribe
230.000
17.000
1%
11.000
Europa oriental
y Asia central
1,6 millones
150.000
0,9%
55.000
Europa Occidental y central
760.000
31.000
0,3%
12.000
América
del Norte
1,3 millones
46.000
0,6%
21.000
Oceanía
75.000
14.000
0,4%
1.200
TOTAL
33,2 millones
2,5 millones
0,8%
2,1 millones


África subsahariana continúa siendo la región más afectada por la pandemia del sida. Más de dos de cada tres (68%) adultos y aproximadamente el 90% de los niños infectados por el VIH viven en esta región, y más de tres de cada cuatro (76%) defunciones por sida en 2007 se produjeronallí; estos porcentajes reflejan la necesidad no
satisfecha de tratamientos antirretrovíricos en África. Sin embargo, la epidemia de la región varía significativamente en escala: la prevalencia nacional del VIH en adultos (15-49 años) varía de menos del 2% en algunos países del Sahel a más del 15% en la mayor parte de África meridional. África meridional representó prácticamente un tercio (32%) de todas las nuevas infecciones por el VIH y defunciones por el sida a nivel mundial en 2007.
Un total de 1,7 millones [1,4 millones–2,4 millones] de personas en África subsahariana contrajeron la infección por el VIH el año pasado, es decir, se registró una disminución en comparación con los 2,2 millones [1,7 millones–2,7 millones] de nuevas infecciones del año 2001. Se calcula que actualmente 22,5
millones [20,9 millones–24,3 millones] de personas viven con el VIH en la región en 2007, en comparación con 20,9 millones [19,7 millones–23,6 millones] en 2001. En África subsahariana, la prevalencia del VIH en adultos (15-49 años) disminuyó del 5,8% [5,5%–6,6%] en 2001 al 5,0% [4,6%–5,5%] en 2007.
El sida sigue siendo la principal causa individual de mortalidad en África subsahariana (OMS, 2003); 1,6 millones [1,5 millones–2,0 millones] del total general de 2,1 millones [1,9 millones–2,4 millones] de fallecimientos de adultos y niños por sida en 2007 se produjeron en esta región. Se estima que en esta región hay 11,4 millones [10,5 millones–14.6 millones] de huérfanos a causa del sida1.
Además de las disminuciones en nuevas infecciones en África subsahariana entre 2001 y 2007, el número anual estimado de nuevas infecciones por el VIH se redujo en Asia meridional y sudoriental de 450 000 [150 000–800 000] en 2001 a 340 000 [180 000–740 000] en 2007, y en Europa oriental de 230 000 [98 000–340 000] en 2001 a 150 000 [70 000–290 000] en 2007. La diferencia en el número de nuevas infecciones en Europa oriental se debe principalmente a una mayor lentitud en la evolución de la epidemia del VIH en la Federación de Rusia, el país con la epidemia más extendida de la región y en el cual las nuevas infecciones aumentaron drásticamente a fines de la década de 1990 y alcanzaron su punto máximo en 2001. Las nuevas infecciones notificadas (en vez de estimadas) anualmente en la Federación de Rusia han vuelto a crecer en los últimos años, aunque a un ritmo menor que en el cambio de siglo.
Los 92 000 [21 000–220 000] adultos y niños que se estima que han contraído la infección por el VIH en Asia oriental en 2007 representan un aumento de casi un 20% en comparación con las 77 000 [49 000–130 000] personas que contrajeron el virus en 2001.
En Oceanía también se registró un aumento de las nuevas infecciones estimadas, de 3800 [3000–5600] en 2001 a 14 000 [11 000–26 000] en 2007. En el Caribe, América Latina, Oriente Medio y África del Norte, América del Norte y Europa occidental, los números de nuevas infecciones por el VIH en 2007 se mantuvieron relativamente estables.
Estas cifras de incidencia regional pueden ocultar que el número verdadero de personas que viven con el VIH tal vez esté en aumento; por ejemplo, en Europa oriental, el número total de personas con el VIH aumentó prácticamente el 150% entre 2001 y 2007. De la misma forma, en países individuales como Viet Nam e Indonesia, la prevalencia del VIH está creciendo.


(Fuente: ONUSIDA /OMS. Diciembre 2007)


Situación de España

INFORMES ANUALES DEL MINISTERIO DE SANIDAD
2006

2007

En el estudio de las características de los casos de sida en España destacan algunos hechos diferenciales con respecto a otros países. La epidemia tuvo un comienzo ligeramente posterior a la mayoría de los países, excepto los países del este de Europa. Desde el principio hubo un predominio de casos en usuarios de drogas inyectadas, frente a otras categorías de transmisión, como varones homosexuales. Los casos de transmisión sexual tuvieron su comienzo en 1985, lo que supone un retraso con respecto a la aparición de esta categoría de los países de Europa. Desde 1990, España presenta la mayor tasa de incidencia por millón de habitantes a nivel europeo. A fecha de 31 de Diciembre de 2006 el número de personas con sida en España asciende a 73.977.

Aunque la fecha de la infección por VIH suele ser un dato desconocido, incluso para el propio afectado, a través de modelizaciones matemáticas de la epidemia se ha podido reconstruir de forma aproximada la evolución en el número de nuevas infecciones anuales ocurridas en España. Podemos ver cómo los máximos niveles de transmisión del VIH se produjeron entre 1985 y 1988, y desde entonces el ritmo de nuevas infecciones ha sido predominantemente decreciente. Como corresponde al periodo de incubación que había en aquel momento, la incidencia de casos de sida alcanzó su máximo aproximadamente diez años después. Las cifras alcanzadas por la incidencia de sida y los fallecimientos son mucho menores que las de las infecciones, y en consecuencia, la mayoría de las personas infectadas permanecen vivas y libres de sida.

Recurriendo también a la modelización de la epidemia de VIH/sida en España, podemos ver la diferencia existente entre dos conceptos: nuevas infecciones anuales por VIH y personas vivas con infección por VIH. Son dos conceptos claramente diferentes pero estrechamente relacionados. A finales de los ochenta y principios de los noventa la transmisión del VIH era muy intensa por lo que fueron aumentando rápidamente las personas vivas infectadas por el VIH hasta superar las 100.000. Posteriormente han disminuido mucho las nuevas infecciones por el VIH, pero el número de personas vivas infectadas ha quedado estabilizado entre 100.000 y 150.000 personas. A ello ha contribuido la mejora en la supervivencia de las personas infectadas por efecto de los tratamientos antirretrovirales.

El curso de la epidemia de VIH y sida en España está marcado por tres hechos fundamentales:

La rápida propagación del VIH durante la década de los ochenta. Durante esa década se produjo en España una gran extensión del VIH entre un colectivo numeroso de personas usuarias de drogas por vía parenteral (UDVP), convirtiendo a este mecanismo de transmisión en el responsable de más de dos tercios de los casos. El VIH también se extendió entre hombres homosexuales, aunque con una propagación menos abrupta. El retraso de la puesta en marcha de programas de reducción de los daños asociados al consumo de drogas inyectadas situó a España a la cabeza de Europa en tasas de sida. El elevado número de UDVP infectados por el VIH, la mayoría adultos jóvenes y sexualmente activos, dio lugar a la transmisión secundaria del VIH por vía heterosexual y PERINATAL. A comienzo de los noventa ya se habían producido más de 100.000 infecciones por el VIH, y la mortalidad llegó a ocupar el primer lugar entre las principales causas de años potenciales de vida perdidos en España.

El progresivo descenso de la transmisión del VIH desde comienzos de los noventa. La gravedad de la situación descrita puso en alerta a la sociedad y se intensificaron los programas de prevención, hasta entonces claramente insuficientes, con la consiguiente reducción de prácticas de riesgo. Las nuevas infecciones por el VIH comenzaron a disminuir en los grupos más susceptibles, como han demostrado los estudios de seroprevalencia de VIH en UDVP, en hombres homosexuales y en mujeres que ejercen la prostitución. El número de jóvenes de las siguientes generaciones que se inició en el consumo de drogas inyectadas fue menor, además de darse una progresiva sustitución de la vía de consumo inyectada por la fumada.

La extensión de las terapias antirretrovirales de alta eficacia desde 1997. A mitad de los noventa se alcanzó el punto álgido de la epidemia de sida en términos de morbilidad y mortalidad, con más de 7.000 nuevos diagnósticos de sida y más de 5.000 fallecimientos anuales. En 1996 y principios de 1997, se fueron introduciendo las terapias antirretrovirales combinadas que incorporaban fármacos inhibidores de la proteasa, lo que produjo una mejora considerable en la situación inmunológica y en el pronóstico y la calidad de vida de las personas infectadas. Esto se tradujo en una rápida reducción de la incidencia de sida superior al 60% en los cuatro años siguientes, y una caída en la mortalidad de un 67% en tan sólo dos años.

Datos en 2007. Según las notificaciones recibidas hasta el 31 diciembre de 2007 en el Registro Nacional de Casos de Sida, se estima, tras corregir por retraso en la notificación, que en 2007 se diagnosticaron en España 1.464 casos de sida. Tras alcanzar su cénit a mediados de la década de los 90, el número de casos notificados de sida ha experimentado un progresivo declive, de forma que los notificados en 2007 suponen un descenso del 78% respecto a los notificados en 1996, año previo a la generalización de los tratamientos antirretrovirales de gran actividad (Figura 1).
Con respecto al 2006, en el año 2007 se evidenció un descenso del 16,3% en el número de casos entre los varones y un porcentaje algo mayor, 18,7%, entre las mujeres, (Tabla 7B y Figuras 1 y 3). Aunque el grupo de usuarios o ex-usuarios de drogas por vía parenteral (UDVP) sigue siendo el más frecuente, se mantiene la tendencia descendente iniciada años atrás puesto que se observa una disminución en el número de casos diagnosticados del 15%. También bajaron en relación al mismo periodo los casos atribuidos a relaciones sexuales no protegidas: 20% en el caso de la transmisión heterosexual y 23% en el de las relaciones sexuales entre hombres (Figura 2 y 4).
Hasta la fecha se ha recibido la notificación de 893 casos diagnosticados en 2007, que suponen el 61% de los casos que se estima habrá cuando se complete la notificación. El 78% de los diagnósticos de sida recayeron en hombres, y la edad media al diagnóstico se mantiene en torno a los 40 años. La proporción de casos pediátricos (menores de 13 años) se sitúa en el 0,4%. El 43,7% de las personas que han desarrollado sida en 2007 contrajeron la infección por compartir material de inyección para la administración parenteral de drogas, lo que afectó al 46% de los hombres y al 37% de las mujeres. Las personas que contrajeron la infección por relaciones heterosexuales no protegidas ascienden al 30% de los casos y, en números absolutos, continúan siendo más frecuentes en hombres que en mujeres. Sin embargo, proporcionalmente, entre las mujeres esta categoría adquiere especial relevancia, pues representa el 51% de los diagnósticos de sida notificados en 2007. La tercera vía de transmisión más frecuente han sido las relaciones homosexuales entre hombres, que supone el 16% de todos los casos y el 20,3% de los que afectan a hombres (Figura 5).
Desde el inicio de la epidemia en España se han notificado un total de 75.733 casos de sida.
Hasta 1997 la proporción de casos de sida en personas cuyo país de origen no era España estuvo por debajo del 3%. Pero a partir de 1998 esta cifra subió progresivamente hasta alcanzar el 19,3% en 2007. En este último año más del 75% de estos casos proceden de países de África y Latinoamérica.
El 41% de las personas diagnosticadas de sida en 2007 no eran conscientes de estar infectadas por el VIH en el momento del diagnóstico. Esta proporción asciende a 60,7% entre aquellas que se infectaron por vía heterosexual y a 55,8% entre los hombres que se infectaron a través de relaciones homosexuales (Figura 6).
En el periodo 2003-2007 la tuberculosis de cualquier localización siguió siendo la enfermedad indicativa de sida más frecuente, afectando al 29% de los casos. Le sigue la neumonía por Pneumocystis jirovecii (22,6%) y la candidiasis esofágica (14,4%) (Figura 7).
A pesar del marcado descenso de la incidencia de sida en España desde la extensión de los nuevos tratamientos antirretrovirales, el nuestro sigue siendo uno de los países con mayor incidencia de sida en Europa Occidental. Para mantener la tendencia decreciente, además de reforzar las medidas de prevención, es necesario potenciar las intervenciones destinadas a promover la prueba del VIH, el consejo y el diagnóstico precoz de la infección en personas que hayan tenido prácticas de riesgo.

(Fuente: Ministerio de Sanidad y Consumo.2007)


Situación de la comunidad autónoma vasca

INFORMES ANUALES DE OSAKIDETZA
  2006

2007
 
 

Nuevas infecciones en 2007
Durante el ano 2007 se han diagnosticado 173 nuevas infecciones por VIH en el Pais Vasco, cifra superior en un 14,5% a la de 2006 (151).
El 71,7% son hombres (edad media de 38,9 anos) y el 28,3% son mujeres (edad media de 33,3 anos).
El 63,0% de las nuevas infecciones se ha diagnosticado en Bizkaia, el 26,6% en Gipuzkoa y el 10,4% en Araba.
En el 43,9% de los casos la transmision ha sido a traves de relaciones heterosexuales, en el 38,7% por relaciones homosexuales y en el 9,2% por inyeccion de drogas.
En el caso de los hombres, el 54% de los casos corresponde a transmision homosexual y el 29% a transmision heterosexual. Entre las mujeres la via heterosexual supone un 81,6%.
El 29,1% de las nuevas infecciones se ha producido en extranjeros.
 
Casos de Sida en 2007
Durante el año 2007 se han diagnosticado 76 nuevos casos de sida. El número total de diagnósticos desde el año 1984 hasta 2007 es de 5.479.
En 2007 el 78,9% de los casos son hombres y el 21% mujeres. La edad media de los hombres es de 42,6 años y de las mujeres 38,4.

   (Fuente: Plan de Prevención y Control de Sida de Euskadi. 2007)


SIDA social

Lo más grave del sida no reside tan sólo en que se trata de un enfermedad mortal, sino en que se trata de una epidemia que en el siglo XXI amenaza a la sociedad arrastrando las creencias y respuestas sociales que se dieron a otras enfermedades padecidas con anterioridad por la humanidad. Por ello, no es casual que la metáfora principal empleada para el sida haya sido la peste, pues este término representa la peor de las calamidades y lleva asociado un juicio a la sociedad.
El padecimiento de la infección por VIH genera inserción del individuo dentro de un grupo poseedor de una etiqueta social descalificadora que le deshumaniza y confiere al enfermo una nueva identidad que le merma su propia dignidad.

La sociedad se encuentra, por primera vez, con una epidemia en la que se contabiliza el número de casos más el número de personas sanas infectadas. Eso tiene especial significación en dos vertientes: por un lado, sirve de justificación a la pretendida necesidad de identificar a los sospechosos de ser portadores del virus, y por otro, tiene el efecto de provocar en los afectados la marginación social que les acercará, posiblemente, antes a la muerte social que a la física.
El SIDA se superpone sobre los cambios culturales ocurridos durante el siglo XX. Ha sido en este siglo cuando la sexualidad se ha convertido en un discurso social, cuando la intimidad entre los cuerpos se expone visiblemente. Las modalidades de relaciones amorosas y sexuales entre hombres y mujeres han cambiado, haciéndose visible la diversidad sexual. Es en pleno debate social sobre la sexualidad humana cuando aparece el sida.
Esta enfermedad viene a asentarse sobre todos estos cambios, y quizá por ello, tiene una representación social compleja, que responde, no sólo al saber clínico, sino que cuestiona los valores sociales e implica la emocionalidad de las personas. Esta representación que se construye socialmente es interiorizada y genera posturas y acciones en relación a la enfermedad y a las personas afectadas que no tienen que ver con los conocimientos biológicos sobre la enfermedad misma, sino que van mucho mas allá, dándole un sentido social y moral.
La historia está salpicada de enfermedades que representan los paradigmas de cada época. La lepra, la peste, la sífilis, la tuberculosis, el cáncer han representado en cada época mucho más de lo que cada enfermedad era en sí.
A las condiciones macroculturales de nuestra época, como las desigualdades Norte-Sur, se suman condiciones microculturales, porque esta enfermedad irrumpe en la vida íntima de las personas. Se percibe como una enfermedad muy amenazante, sexualmente transmisible, que progresa de manera rápida y mortal, que desvela los hábitos y costumbres sexuales de quién la padece. En este sentido como dice Pollak (1988) “la representación social del sida reúne todas las dimensiones del cáncer y de la sífilis”, al sumarse la connotación de incurable y mortal del cáncer, con lo vergonzante y degradante de la sífilis.

Tod@s conocemos cuales fueron las primeras reacciones sociales cuando el sida empezó entre los homosexuales. Una oleada de opinión hostil hacia ellos, interpretando el sida como un merecido castigo por su sexualidad. Hasta entonces la homosexualidad se mantenía socialmente oculta, como si fuera un hecho marginal del que la mayoría no tenía por qué saber, y sobre los que había una opinión social negativa. Es un castigo por aquellas conductas sexuales moralmente interpretadas como degradantes.
Cuando el sida afecta a las personas toxicómanas que intercambian jeringuillas, crece aún más la representación de que se trata de una enfermedad marginal y transgresora de la moral dominante y refuerza la idea del castigo para quienes se apartan de las conductas asumidas como normales por la mayoría.
Más tarde, con la evidencia de que el contagio sexual traspasa las barreras de la homosexualidad y también se infectan hombres y mujeres por relaciones heterosexuales, se prolonga la representación de que el sida es signo de promiscuidad. Por ello tiende a visualizarse como restringida al sexo comercial y a la prostitución.
Posteriormente, se conocieron algunos casos por transfusiones de sangre, hemoderivados, transplantes, pero parecían quedar salvados de responsabilidad moral, ya que la medicina como técnica está exenta de esa connotación y solo existe la responsabilidad de un control técnico-sanitario, de cuyos fallos la persona infectada solo es víctima pero no culpable.

El sida es un problema de to@s. Aún hoy, para la mayoría de los heterosexuales el sida es un asunto de otros. El conocimiento de las vías de transmisión, siendo aceptable, sirve a lo sumo para conocer bajo qué circunstancias el contacto con las personas marcadas por el sida puede ser potencialmente peligroso. Pero, en última instancia, el problema se siente ajeno y parece que debe preocupar fundamentalmente a los considerados culpables de la epidemia por el hecho de estar situados fuera de la leyes sociales y de las normas morales y éticas.
Sin embargo, la población general no es ajena a las prácticas de riesgo, ya que en definitiva no se trata de ser homosexual, prostituta o usuario de drogas, sino de exponerse a las vías de transmisión del VIH a través de una práctica individual sin adoptar medidas de prevención.

Así, las personas afectadas de sida tienen dos problemas: la enfermedad y el estigma que se les atribuye. La enfermedad amenaza su salud y su vida, la amenaza del estigma es la muerte social.

Que sea conocida la condición de seropositiv@ puede aún acarrear una pérdida de crédito social, por eso ha ido ganando terreno la exigencia de confidencialidad por parte de las personas afectadas o en mayor riesgo. Si debe ser confidencial es porque su difusión tiene riesgo de lesionar a la persona implicada, al estar infectada de una enfermedad por la que puede verse incluido en una categoría de personas socialmente rechazada u considerada inmoral.

Es la amenaza de muerte social, la que genera actitudes paradójicas en las personas infectadas y produce conductas defensivas de encubrimiento de la información sobre sí mismas, para proteger su crédito social. Esta es una de las formas en que la estigmatización hace obstáculo a la prevención del sida.

La concepción de “grupos de riesgo” estigmáticos y marginales, favorece la discriminación y obstaculiza la prevención, facilitando la extensión de la epidemia especialmente por la vía heterosexual. Es necesario extender el concepto de “prácticas de riesgo”.

(Fuente: “La prevención de la transmisión heterosexual del VIH/SIDA en las mujeres”. Ministerio de Sanidad y Consumo)

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el Sida en el mundo. Diciembre 2004