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| SIDA, epidemia mundial | ||||
| situación en España | ||||
| situación de la C.A.V. | ||||
| SIDA social |
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INFORMES ANUALES DE ONUSIDA | |
Durante el último cuarto
de siglo, el VIH ha infectado a cerca de 65 millones de personas, y se estima
que 25 millones han fallecido
por enfermedades relacionadas con el SIDA. Se calcula que, en el momento actual,
cerca de 40
millones de personas viven con el VIH. Sin embargo, la inmensa mayoría
no es consciente de su estado.
El SIDA es excepcional, y la respuesta al SIDA debe ser igualmente excepcional.
El SIDA requiere liderazgo continuado tanto a nivel nacional como internacional.
Después de 25 años de epidemia, la respuesta mundial al SIDA
tiene que pasar de un planteamiento de gestión de crisis episódica
a una respuesta estratégica que reconozca la necesidad de generación
de capacidad y compromiso a largo plazo, utilizando estrategias basadas en
pruebas que aborden los factores estructurales que impulsan la epidemia.
A pesar de los considerables avances llevados a cabo desde 2001, todavía
no se aprecia el liderazgo consecuente que se requiere para ralentizar, contener
y hacer retroceder la epidemia. Aunque el Informe del Secretario General a
la Asamblea General de las Naciones Unidas destaca numerosos progresos en
la respuesta mundial al SIDA desde 2001, también indica claramente
que la acción global ha sido insuficiente, con éxitos desiguales
entre los países y regiones y dentro de ellos mismos.
PANORAMA GENERAL DE LA EPIDEMIA
A pesar de las recientes mejoras en el terreno del acceso
al tratamiento antirretrovírico y la atención en muchas regiones
del mundo, se estima que a final de 2005 había 38,6 millones [33,4-46,0
millones] de personas en todo el mundo que vivían con el VIH; que en
el curso del año 4,1 millones [3,4-6,2 millones] contrajeron la infección
por el VIH, y que 2,8 millones [2,4-3,3 millones] perdieron la vida a causa
del SIDA.
Se cree que, a nivel mundial, la tasa de incidencia del VIH (el numero anual
de nuevas infecciones por el VIH como proporción de las personas previamente
no infectadas) alcanzó su cota máxima a finales de los años
1990 y que se ha estabilizado desde entonces, a pesar de una incidencia creciente
en varios países.
En diversos países, las tendencias favorables en la incidencia se relacionan
con programas de prevención y cambios de comportamiento. Las modificaciones
en la incidencia, junto con la mayor mortalidad por SIDA, han provocado la
nivelación de la prevalencia mundial del VIH (la proporción
de personas que viven con el VIH). Sin embargo, el número de personas
que viven con el VIH ha seguido aumentando a causa del crecimiento de la población
y, en fechas mas recientes, los efectos de la terapia antirretrovírica
sobre la esperanza de vida.
En África subsahariana, la región con carga máxima de
la epidemia de SIDA, los datos también indican que la tasa de incidencia
del VIH ha alcanzado su cenit en la mayoría de los países. No
obstante, las epidemias en esta región son muy diversas y especialmente
graves en África meridional, donde algunas de ellas todavía
siguen expandiéndose. Los datos de las últimas encuestas subrayan
el impacto desproporcionado de la epidemia de SIDA en las mujeres, sobre todo
en África subsahariana, donde, en promedio, hay tres mujeres VIH-positivas
por cada dos varones. Entre los jóvenes (15-24 años), esta relación
se amplía considerablemente: tres mujeres jóvenes por cada varón
del mismo grupo de edad. Entre las nuevas tendencias más destacables
cabe señalar los descensos recientes en la prevalencia nacional del
VIH1 en dos países de África subsahariana (Kenya y Zimbabwe),
en zonas urbanas de Burkina Faso y también en Haití, Caribe,
junto con indicios de un cambio significativo de comportamiento (como mayor
utilización de preservativos, menos parejas e inicio más tardío
de la actividad sexual). En el resto de África subsahariana, la mayoría
de las epidemias parece haberse estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente
altos en la mayor parte de África meridional.
La prevalencia del VIH también está disminuyendo en cuatro estados
de la India, incluido Tamil Nadu, donde los esfuerzos de prevención
se ampliaron considerablemente a finales del decenio de 1990. En Camboya y
Tailandia se observan descensos uniformes y continuados en la prevalencia
del VIH. La prevalencia, sin embargo, está aumentando en otros países,
especialmente China, Indonesia, Viet Nam y Papua Nueva Guinea, y hay signos
de brotes del VIH en Bangladesh y Pakistán.
La mayoría de las personas que viven con el VIH en Europa oriental
y Asia central se encuentra en dos países: Ucrania, donde continúa
aumentando el número anual de nuevos diagnósticos de VIH, y
la Federación de Rusia, que tiene la mayor epidemia de SIDA de toda
Europa.
Mientras tanto, en los Estados Unidos de América y en algunos países
de Europa siguen observándose indicios de epidemias resurgentes entre
varones que tienen relaciones sexuales con varones, y existen epidemias esencialmente
ocultas entre sus homólogos de América Latina y Asia.
En diciembre de 2005, más de 1,3 millones de personas estaban recibiendo
tratamiento antirretrovírico en países de ingresos bajos y medianos,
en comparación con unas 400.000 personas dos años antes. En
África subsahariana, el número de personas tratadas aumentó
más de ocho veces (de 100.000 a 810.000) entre 2003 y 2005, y más
de dos veces solo en 2005. Esta tendencia es debida principalmente al mayor
acceso al tratamiento en unos pocos países (en particular, Botswana,
Kenya, Sudáfrica, Uganda y Zambia). El número de personas que
reciben tratamiento antirretrovírico en Asia aumentó casi tres
veces, hasta 180.000 en 2005.
África subsahariana sigue siendo la región más afectada
del mundo, con poco más de una décima parte de la población
mundial, alberga casi el 64% de todas las personas que viven con el VIH: 24,5
millones. Las tasas de nuevas infecciones por el VIH alcanzaron su cota máxima
a finales de los años 1990, y algunas de sus epidemias muestran descensos
recientes, especialmente en Kenya, Zimbabwe y en zonas urbanas de Burkina
Faso. En conjunto, la prevalencia del VIH en esta región parece que
se ha estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente altos en África
meridional. Esta "estabilización" aparente de la epidemia
refleja una situación en la que el número de nuevos casos de
infección por el VIH se equilibra más o menos con el numero
de personas que fallecen por enfermedades relacionadas con el SIDA.
DESIGUALDAD, GÉNERO Y VIH
En muchos lugares, los esfuerzos de prevención del VIH no tienen en
cuenta las desigualdades en función del sexo y de otras índoles
que configuran el comportamiento de las personas y limitan sus opciones. Muchas
estrategias relacionadas con el VIH presuponen un mundo idealizado en el que
todos son iguales y libres para tomar decisiones autorizadas, y en el que
pueden optar por abstenerse de relaciones sexuales, permanecer fieles a una
sola pareja o usar preservativos habitualmente. En la realidad, las mujeres
y muchachas se enfrentan a toda una serie de vulnerabilidades y factores de
riesgo relacionados con el VIH que no afectan a los varones y muchachos, muchos
de los cuales están implícitos en las relaciones sociales y
las realidades económicas de sus sociedades. Tales factores no son
fáciles de suprimir o alterar, pero mientras esto no se consiga, es
improbable que los esfuerzos para contener y hacer retroceder la epidemia
de VIH alcancen un éxito sostenido.
Las relaciones con múltiples parejas, recompensadas con "regalos",
constituyen una estrategia fundamental de supervivencia para muchas mujeres
pobres. Impulsadas por la pobreza y el deseo de una vida mejor, esas mujeres
y muchachas pueden acabar utilizando el sexo como artículo de consumo
que intercambian -a menudo con varones mayores que ellas- por bienes, servicios,
dinero, alojamiento u otras necesidades básicas. Este "sexo transaccional"
implica relaciones sexuales no conyugales, a menudo con múltiples parejas
masculinas de mayor edad, lo que es reflejo de la posición económica
superior de los varones y su mayor acceso a recursos; las dificultades de
las mujeres para satisfacer sus necesidades básicas, y el valor cultural
que se asigna a los varones que tienen múltiples parejas sexuales (Jewkes
y Wood, 2001).
Uno de los rasgos definitorios de África meridional -la subregión
más afectada del mundo- es su desigualdad social y económica,
no sólo entre ricos y pobres sino también entre los pobres.
La relación entre prevalencia del VIH e indicadores socioeconómicos
es sumamente compleja. De todas formas, las desigualdades sociales, asentadas
sobre un empobrecimiento generalizado y sobre las distorsiones que crean los
sistemas de mano de obra migratoria -junto con una creciente cultura del "consumismo"-,
generan un terreno fértil para el sexo transaccional, explotador, intergeneracional
y de "supervivencia" en África meridional (Grupo de trabajo
del Secretario General de las Naciones Unidas sobre mujeres, muchachas y SIDA
en África meridional, 2004). Los sistemas de mano de obra migratoria
han agravado enormemente la dependencia económica de las mujeres respecto
a sus parejas masculinas, mucho más que en otras partes del continente
donde las mujeres tienen un papel
más destacado en las transacciones de mercado y otras formas de actividad
comercial. En toda esta subregión, las oportunidades de obtener ingresos
son particularmente escasas para las mujeres con un bajo nivel educativo,
y los sectores industriales en los que predomina el personal femenino (como
la fabricación de ropa) se han visto muy afectados por pérdidas
de trabajo relacionadas con cambios de aranceles y subvenciones. Esto ha debilitado
aún más la condición económica de las mujeres,
agravando las desigualdades de género y elevando posiblemente su vulnerabilidad
al VIH (Hunter, 2002).
Es importante reconocer que el sexo también desempeña otras
funciones sociales, y entronca con la necesidad de las personas de buscar
y expresar confianza, con su búsqueda de posición social y autoestima
y con sus esfuerzos para escapar de la soledad y aliviar el aburrimiento.
Por ejemplo, las investigaciones en Sudáfrica indican que, en un contexto
de empobrecimiento generalizado y altas tasas de desempleo (y en ausencia
de actividades recreativas asequibles), las relaciones sexuales brindan a
menudo una oportunidad para reforzar la autoestima, mejorar la posición
social entre los iguales y paliar el aburrimiento (Jewkes, Vundule y Maforah,
2001). Lo que hace tan peligrosas estas ansias para muchas mujeres es que
se manifiestan no sólo en zonas donde el VIH está firmemente
arraigado, sino también en circunstancias marcadas por una agravante
desigualdad de género, en las que los varones suelen jugar con ventaja
y en las que las normas sociales y los marcos jurídicos tienden a reforzar
con frecuencia tal ventaja.
La información y el conocimiento no son suficientes. Si se pretende
que los esfuerzos de prevención resulten fructíferos a largo
plazo, deben abordar las interacciones entre desigualdades socioeconómicas
y de género y vulnerabilidad al VIH. Las actividades de prevención
han de tener en cuenta las condiciones desiguales con las que la mayoría
de las mujeres se ven obligadas a vivir. Las estrategias deben abordar el
hecho de que, para millones de personas, el sexo puede ser una de las pocas
formas valorizadas de capital que tienen a su disposición (Stephenson
y Obasi, 2004; Cates, 2004). La adopción de riesgos sexuales por parte
de muchachas y mujeres jóvenes está determinada en gran medida
por relaciones desiguales de género y por un acceso desigual a recursos,
bienes, oportunidades de ingresos y poder social. Hay que hacer mucho más
para asegurar un sustento sostenible para las mujeres y muchachas -particularmente
las que viven en hogares encabezados por mujeres-, si se pretende que sean
capaces de protegerse contra la infección por el VIH y afrontar su
impacto. El refuerzo de las oportunidades económicas y del poder social
de las mujeres debería considerarse como una parte indisoluble de cualquier
estrategia potencialmente satisfactoria y sostenible contra el SIDA.
Situacion de la epidemia 2007
Cada dia, mas de 6.800 personas contraen infeccion por el VIH y mas de 5.700
fallecen a causa del sida, en la mayoria de los casos debido a un acceso inadecuado
a los servicios de prevencion y tratamiento del VIH. La pandemia del VIH sigue
constituyendo uno de los desafios mas importantes en enfermedades infecciosas
para la salud publica. No obstante, la evaluacion epidemiologica actual presenta
elementos alentadores, ya que sugiere que:
la prevalencia mundial de la infeccion por el VIH (porcentaje de personas
infectadas por el virus) se mantiene en el mismo nivel, aunque el numero general
de personas que viven con el VIH esta aumentando debido a la acumulacion continua
de nuevas infecciones con periodos mas prolongados de supervivencia, medidos
en una
poblacion general en constante crecimiento;
existen reducciones localizadas en la prevalencia en paises especificos;
se observa una reduccion en la mortalidad asociada al VIH, en parte
atribuible al reciente aumento de acceso al tratamiento; y
se logro una reduccion del numero de nuevas infecciones anuales por
el VIH a nivel mundial.
La evaluacion de las tendencias mundiales y regionales sugiere que la pandemia
ha formado dos patrones generales:
epidemias generalizadas en las poblaciones generales de muchos paises
de Africa subsahariana, en especial en la parte meridional del continente;
y
epidemias en el resto del mundo que se concentran principalmente entre
las poblaciones de mayor riesgo, como los hombres que tienen relaciones sexuales
con hombres, usuarios de drogas inyectables, profesionales del sexo y sus
parejas sexuales.
DATOS 2007
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|
ESTADÍSTICAS
Y CARACTERÍSTICAS REGIONALES DEL VIH/SIDA EN 2007
|
||||
|
REGIÓN
|
ADULTOS Y NIÑ@S CON
VIH/SIDA
|
NUEVAS INFECCIONES POR
VIH EN 2006 ADULTOS Y NIÑ@S
|
PREVALENCIA EN ADULTOS %
|
DEFUNCIONES DE ADULT@S Y
NIÑ@S POR SIDA
|
|
África
subsahariana |
22,5 millones
|
1,7 millones
|
5%
|
1,6 MILLONES
|
|
África del Norte
y Oriente Medio |
380.000
|
35.000
|
0,3%
|
25.000
|
|
Asia meridional
y sudoriental |
4 millones
|
340.000
|
0,3%
|
270.000
|
|
Asia oriental
|
800.000
|
92.000
|
0,1%
|
32.000
|
|
América Latina
|
1,6 millones
|
100.000
|
0,5%
|
58.000
|
|
Caribe
|
230.000
|
17.000
|
1%
|
11.000
|
|
Europa oriental
y Asia central |
1,6 millones
|
150.000
|
0,9%
|
55.000
|
|
Europa Occidental y central
|
760.000
|
31.000
|
0,3% |
12.000
|
|
América
del Norte |
1,3 millones
|
46.000
|
0,6%
|
21.000
|
|
Oceanía
|
75.000
|
14.000
|
0,4%
|
1.200
|
|
TOTAL
|
33,2
millones
|
2,5
millones
|
0,8%
|
2,1 millones |
|
|
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INFORMES
ANUALES DEL MINISTERIO DE SANIDAD
|
|
| 2006 2007 |
||
En el estudio de las características
de los casos de sida en España destacan algunos hechos diferenciales con respecto
a otros países. La epidemia tuvo un comienzo ligeramente posterior a la mayoría
de los países, excepto los países del este de Europa. Desde el principio hubo
un predominio de casos en usuarios de drogas inyectadas, frente a otras categorías
de transmisión, como varones homosexuales. Los casos de transmisión sexual
tuvieron su comienzo en 1985, lo que supone un retraso con respecto a la aparición
de esta categoría de los países de Europa. Desde 1990, España presenta la
mayor tasa de incidencia por millón de habitantes a nivel europeo. A fecha
de 31 de Diciembre de 2006 el número de personas con sida en España asciende
a 73.977.
Aunque la fecha de la infección por VIH suele ser un dato desconocido, incluso
para el propio afectado, a través de modelizaciones matemáticas de la epidemia
se ha podido reconstruir de forma aproximada la evolución en el número de
nuevas infecciones anuales ocurridas en España. Podemos ver cómo los máximos
niveles de transmisión del VIH se produjeron entre 1985 y 1988, y desde entonces
el ritmo de nuevas infecciones ha sido predominantemente decreciente. Como
corresponde al periodo de incubación que había en aquel momento, la incidencia
de casos de sida alcanzó su máximo aproximadamente diez años después. Las
cifras alcanzadas por la incidencia de sida y los fallecimientos son mucho
menores que las de las infecciones, y en consecuencia, la mayoría de las personas
infectadas permanecen vivas y libres de sida.
Recurriendo también a la modelización de la epidemia de VIH/sida en España,
podemos ver la diferencia existente entre dos conceptos: nuevas infecciones
anuales por VIH y personas vivas con infección por VIH. Son dos conceptos
claramente diferentes pero estrechamente relacionados. A finales de los ochenta
y principios de los noventa la transmisión del VIH era muy intensa por lo
que fueron aumentando rápidamente las personas vivas infectadas por el VIH
hasta superar las 100.000. Posteriormente han disminuido mucho las nuevas
infecciones por el VIH, pero el número de personas vivas infectadas ha quedado
estabilizado entre 100.000 y 150.000 personas. A ello ha contribuido la mejora
en la supervivencia de las personas infectadas por efecto de los tratamientos
antirretrovirales.
El curso de la epidemia de VIH y sida en España está marcado por tres hechos
fundamentales:
• La rápida propagación del VIH durante la década de los ochenta. Durante
esa década se produjo en España una gran extensión del VIH entre un colectivo
numeroso de personas usuarias de drogas por vía parenteral (UDVP), convirtiendo
a este mecanismo de transmisión en el responsable de más de dos tercios de
los casos. El VIH también se extendió entre hombres homosexuales, aunque con
una propagación menos abrupta. El retraso de la puesta en marcha de programas
de reducción de los daños asociados al consumo de drogas inyectadas situó
a España a la cabeza de Europa en tasas de sida. El elevado número de UDVP
infectados por el VIH, la mayoría adultos jóvenes y sexualmente activos, dio
lugar a la transmisión secundaria del VIH por vía heterosexual y PERINATAL.
A comienzo de los noventa ya se habían producido más de 100.000 infecciones
por el VIH, y la mortalidad llegó a ocupar el primer lugar entre las principales
causas de años potenciales de vida perdidos en España.
• El progresivo descenso de la transmisión del VIH desde comienzos de los
noventa. La gravedad de la situación descrita puso en alerta a la sociedad
y se intensificaron los programas de prevención, hasta entonces claramente
insuficientes, con la consiguiente reducción de prácticas de riesgo. Las nuevas
infecciones por el VIH comenzaron a disminuir en los grupos más susceptibles,
como han demostrado los estudios de seroprevalencia de VIH en UDVP, en hombres
homosexuales y en mujeres que ejercen la prostitución. El número de jóvenes
de las siguientes generaciones que se inició en el consumo de drogas inyectadas
fue menor, además de darse una progresiva sustitución de la vía de consumo
inyectada por la fumada.
• La extensión de las terapias antirretrovirales de alta eficacia desde
1997. A mitad de los noventa se alcanzó el punto álgido de la epidemia
de sida en términos de morbilidad y mortalidad, con más de 7.000 nuevos diagnósticos
de sida y más de 5.000 fallecimientos anuales. En 1996 y principios de 1997,
se fueron introduciendo las terapias antirretrovirales combinadas que incorporaban
fármacos inhibidores de la proteasa, lo que produjo una mejora considerable
en la situación inmunológica y en el pronóstico y la calidad de vida de las
personas infectadas. Esto se tradujo en una rápida reducción de la incidencia
de sida superior al 60% en los cuatro años siguientes, y una caída en la mortalidad
de un 67% en tan sólo dos años.
• Datos en 2007. Según las notificaciones recibidas hasta el
31 diciembre de 2007 en el Registro Nacional de Casos de Sida, se estima,
tras corregir por retraso en la notificación, que en 2007 se diagnosticaron
en España 1.464 casos de sida. Tras alcanzar su cénit a mediados
de la década de los 90, el número de casos notificados de sida
ha experimentado un progresivo declive, de forma que los notificados en 2007
suponen un descenso del 78% respecto a los notificados en 1996, año
previo a la generalización de los tratamientos antirretrovirales de
gran actividad (Figura 1).
Con respecto al 2006, en el año 2007 se evidenció un descenso
del 16,3% en el número de casos entre los varones y un porcentaje algo
mayor, 18,7%, entre las mujeres, (Tabla 7B y Figuras 1 y 3). Aunque el grupo
de usuarios o ex-usuarios de drogas por vía parenteral (UDVP) sigue
siendo el más frecuente, se mantiene la tendencia descendente iniciada
años atrás puesto que se observa una disminución en el
número de casos diagnosticados del 15%. También bajaron en relación
al mismo periodo los casos atribuidos a relaciones sexuales no protegidas:
20% en el caso de la transmisión heterosexual y 23% en el de las relaciones
sexuales entre hombres (Figura 2 y 4).
Hasta la fecha se ha recibido la notificación de 893 casos diagnosticados
en 2007, que suponen el 61% de los casos que se estima habrá cuando
se complete la notificación. El 78% de los diagnósticos de sida
recayeron en hombres, y la edad media al diagnóstico se mantiene en
torno a los 40 años. La proporción de casos pediátricos
(menores de 13 años) se sitúa en el 0,4%. El 43,7% de las personas
que han desarrollado sida en 2007 contrajeron la infección por compartir
material de inyección para la administración parenteral de drogas,
lo que afectó al 46% de los hombres y al 37% de las mujeres. Las personas
que contrajeron la infección por relaciones heterosexuales no protegidas
ascienden al 30% de los casos y, en números absolutos, continúan
siendo más frecuentes en hombres que en mujeres. Sin embargo, proporcionalmente,
entre las mujeres esta categoría adquiere especial relevancia, pues
representa el 51% de los diagnósticos de sida notificados en 2007.
La tercera vía de transmisión más frecuente han sido
las relaciones homosexuales entre hombres, que supone el 16% de todos los
casos y el 20,3% de los que afectan a hombres (Figura 5).
Desde el inicio de la epidemia en España se han notificado un total
de 75.733 casos de sida.
Hasta 1997 la proporción de casos de sida en personas cuyo país
de origen no era España estuvo por debajo del 3%. Pero a partir de
1998 esta cifra subió progresivamente hasta alcanzar el 19,3% en 2007.
En este último año más del 75% de estos casos proceden
de países de África y Latinoamérica.
El 41% de las personas diagnosticadas de sida en 2007 no eran conscientes
de estar infectadas por el VIH en el momento del diagnóstico. Esta
proporción asciende a 60,7% entre aquellas que se infectaron por vía
heterosexual y a 55,8% entre los hombres que se infectaron a través
de relaciones homosexuales (Figura 6).
En el periodo 2003-2007 la tuberculosis de cualquier localización siguió
siendo la enfermedad indicativa de sida más frecuente, afectando al
29% de los casos. Le sigue la neumonía por Pneumocystis jirovecii (22,6%)
y la candidiasis esofágica (14,4%) (Figura 7).
A pesar del marcado descenso de la incidencia de sida en España desde
la extensión de los nuevos tratamientos antirretrovirales, el nuestro
sigue siendo uno de los países con mayor incidencia de sida en Europa
Occidental. Para mantener la tendencia decreciente, además de reforzar
las medidas de prevención, es necesario potenciar las intervenciones
destinadas a promover la prueba del VIH, el consejo y el diagnóstico
precoz de la infección en personas que hayan tenido prácticas
de riesgo.
| (Fuente: Ministerio de Sanidad y Consumo.2007) |
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Situación de la comunidad autónoma vasca
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INFORMES
ANUALES DE OSAKIDETZA
|
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| 2006 2007 |
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Nuevas infecciones en 2007 |
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| | Durante el ano 2007 se han diagnosticado 173 nuevas infecciones por VIH en el Pais Vasco, cifra superior en un 14,5% a la de 2006 (151). |
| | El 71,7% son hombres (edad media de 38,9 anos) y el 28,3% son mujeres (edad media de 33,3 anos). |
| | El 63,0% de las nuevas infecciones se ha diagnosticado en Bizkaia, el 26,6% en Gipuzkoa y el 10,4% en Araba. |
| | En el 43,9% de los casos la transmision ha sido a traves de relaciones heterosexuales, en el 38,7% por relaciones homosexuales y en el 9,2% por inyeccion de drogas. |
| | En el caso de los hombres, el 54% de los casos corresponde a transmision homosexual y el 29% a transmision heterosexual. Entre las mujeres la via heterosexual supone un 81,6%. |
| | El 29,1% de las nuevas infecciones se ha producido en extranjeros. |
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Casos de Sida en 2007
|
|
| | Durante el año 2007 se han diagnosticado 76 nuevos casos de sida. El número total de diagnósticos desde el año 1984 hasta 2007 es de 5.479. |
| | En 2007 el 78,9% de los casos son hombres y el 21% mujeres. La edad media de los hombres es de 42,6 años y de las mujeres 38,4. |
(Fuente: Plan de Prevención y Control de Sida de Euskadi. 2007)
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SIDA
social![]() |
Lo más grave del
sida no reside tan sólo en que se trata de un enfermedad mortal, sino
en que se trata de una epidemia que en el siglo XXI amenaza a la sociedad
arrastrando las creencias y respuestas sociales que se dieron a otras
enfermedades padecidas con anterioridad por la humanidad. Por ello,
no es casual que la metáfora principal empleada para el sida haya sido
la peste, pues este término representa la peor de las calamidades y
lleva asociado un juicio a la sociedad. |
La sociedad se encuentra, por primera vez, con una
epidemia en la que se contabiliza el número de casos más el número de personas
sanas infectadas. Eso tiene especial significación en dos vertientes: por
un lado, sirve de justificación a la pretendida necesidad de identificar a
los sospechosos de ser portadores del virus, y por otro, tiene el efecto de
provocar en los afectados la marginación social que les acercará, posiblemente,
antes a la muerte social que a la física.
El SIDA se superpone sobre los cambios culturales ocurridos durante el siglo
XX. Ha sido en este siglo cuando la sexualidad se ha convertido en un discurso
social, cuando la intimidad entre los cuerpos se expone visiblemente. Las
modalidades de relaciones amorosas y sexuales entre hombres y mujeres han
cambiado, haciéndose visible la diversidad sexual. Es en pleno debate social
sobre la sexualidad humana cuando aparece el sida.
Esta enfermedad viene a asentarse sobre todos estos cambios, y quizá por ello,
tiene una representación social compleja, que responde, no sólo al saber clínico,
sino que cuestiona los valores sociales e implica la emocionalidad de las
personas. Esta representación que se construye socialmente es interiorizada
y genera posturas y acciones en relación a la enfermedad y a las personas
afectadas que no tienen que ver con los conocimientos biológicos sobre la
enfermedad misma, sino que van mucho mas allá, dándole un sentido social y
moral.
La historia está salpicada de enfermedades que representan los paradigmas
de cada época. La lepra, la peste, la sífilis, la tuberculosis, el cáncer
han representado en cada época mucho más de lo que cada enfermedad era en
sí.
A las condiciones macroculturales de nuestra época, como las desigualdades
Norte-Sur, se suman condiciones microculturales, porque esta enfermedad irrumpe
en la vida íntima de las personas. Se percibe como una enfermedad muy amenazante,
sexualmente transmisible, que progresa de manera rápida y mortal, que desvela
los hábitos y costumbres sexuales de quién la padece. En este sentido como
dice Pollak (1988) “la representación social del sida reúne todas las dimensiones
del cáncer y de la sífilis”, al sumarse la connotación de incurable y mortal
del cáncer, con lo vergonzante y degradante de la sífilis.
Tod@s conocemos cuales fueron las primeras reacciones sociales cuando el sida
empezó entre los homosexuales. Una oleada de opinión hostil hacia ellos, interpretando
el sida como un merecido castigo por su sexualidad. Hasta entonces la homosexualidad
se mantenía socialmente oculta, como si fuera un hecho marginal del que la
mayoría no tenía por qué saber, y sobre los que había una opinión social negativa.
Es un castigo por aquellas conductas sexuales moralmente interpretadas como
degradantes.
Cuando el sida afecta a las personas toxicómanas que intercambian jeringuillas,
crece aún más la representación de que se trata de una enfermedad marginal
y transgresora de la moral dominante y refuerza la idea del castigo para quienes
se apartan de las conductas asumidas como normales por la mayoría.
Más tarde, con la evidencia de que el contagio sexual traspasa las barreras
de la homosexualidad y también se infectan hombres y mujeres por relaciones
heterosexuales, se prolonga la representación de que el sida es signo de promiscuidad.
Por ello tiende a visualizarse como restringida al sexo comercial y a la prostitución.
Posteriormente, se conocieron algunos casos por transfusiones de sangre, hemoderivados,
transplantes, pero parecían quedar salvados de responsabilidad moral, ya que
la medicina como técnica está exenta de esa connotación y solo existe la responsabilidad
de un control técnico-sanitario, de cuyos fallos la persona infectada solo
es víctima pero no culpable.
El sida es un problema de to@s. Aún hoy, para la mayoría de los heterosexuales
el sida es un asunto de otros. El conocimiento de las vías de transmisión,
siendo aceptable, sirve a lo sumo para conocer bajo qué circunstancias el
contacto con las personas marcadas por el sida puede ser potencialmente peligroso.
Pero, en última instancia, el problema se siente ajeno y parece que debe preocupar
fundamentalmente a los considerados culpables de la epidemia por el hecho
de estar situados fuera de la leyes sociales y de las normas morales y éticas.
Sin embargo, la población general no es ajena a las prácticas de riesgo, ya
que en definitiva no se trata de ser homosexual, prostituta o usuario de drogas,
sino de exponerse a las vías de transmisión del VIH a través de una práctica
individual sin adoptar medidas de prevención.
Así, las personas afectadas de sida tienen dos problemas: la enfermedad
y el estigma que se les atribuye. La enfermedad amenaza su salud y su vida,
la amenaza del estigma es la muerte social.
Que sea conocida la condición de seropositiv@ puede aún acarrear una pérdida
de crédito social, por eso ha ido ganando terreno la exigencia de confidencialidad
por parte de las personas afectadas o en mayor riesgo. Si debe ser confidencial
es porque su difusión tiene riesgo de lesionar a la persona implicada, al
estar infectada de una enfermedad por la que puede verse incluido en una categoría
de personas socialmente rechazada u considerada inmoral.
Es la amenaza de muerte social, la que genera actitudes paradójicas en las
personas infectadas y produce conductas defensivas de encubrimiento de la
información sobre sí mismas, para proteger su crédito social. Esta es una
de las formas en que la estigmatización hace obstáculo a la prevención del
sida.
La concepción de “grupos de riesgo” estigmáticos y marginales, favorece
la discriminación y obstaculiza la prevención, facilitando la extensión de
la epidemia especialmente por la vía heterosexual. Es necesario extender el
concepto de “prácticas de riesgo”.
| (Fuente: “La prevención de la transmisión heterosexual del VIH/SIDA en las mujeres”. Ministerio de Sanidad y Consumo) |
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