La vulnerabilidad de las mujeres al VIH

Las desigualdades de género y algunos elementos biológicos hacen que las mujeres tengan que enfrentarse a retos específicos que afecten a su capacidad de protegerse a sí misma del VIH.

La vulnerabilidad biológica

Desde el punto de vista biológico, las mujeres son más vulnerables al VIH. Esto quiere decir que, por ejemplo, en una relación sexual entre un hombre y una mujer en la que haya penetración vaginal no protegida, la mujer tiene u riesgo de infección mucho mayor que el hombre. Hay otras practicas sexuales y factores (la mutilación genital, las relaciones durante la menopausia…) que no han sido suficientemente estudiados, de modo que nos centraremos en la practicas de penetración no protegida.

En una investigación sobre la vulnerabilidad biológica de las mujeres al VIH, mostraron que la tasa de transmisión hombre- mujer es hasta 5 veces mayor en la fase asintomática del VIH (no encontramos diferencias en la fase sintomática). En las relaciones no protegidas con penetración, la mujer expone una superficie mayor de mucosa a las secreciones sexuales del hombre y, además, el semen depositado en la vagina permanece más tiempo en contacto que la secreción vaginal de la mujer en la uretra del varón. Además, el semen tiene una concentración más elevada de virus que las secreciones sexuales de la mujer, por lo que las posibilidades de infectarse de VIH, o de otras infecciones de transmisión sexual de las mujeres son más altas que las de los hombres. Por otro lado, las mujeres con otras infecciones de transmisión sexual tienen u riesgo mayor de contraer el VIH.

Con respecto a la edad, cabe señalar que la vulnerabilidad biológica de las mujeres es aun mayor cuando son más jóvenes. El cuello del útero de las mujeres jóvenes es más inmaduro y producen una menor cantidad de secreciones vaginales, por lo que la barrera biológica al VIH en relaciones de penetración no protegidas es menor.

Además, algunas investigaciones han mostrado que las mujeres puesto que están mas expuestas a la violencia sexual del hombre, sufren en mayor medida hemorragias y desgarros que son producto de coitos brutales o violaciones o derivados de una mutilación genital. Estas hemorragias y desgarros hacen que tengan un mayor riesgo de contraer el VIH, ya que facilita la transmisión del virus.

Sin embargo, el hecho de que las mujeres sean más vulnerables biológicamente al VIH no significa que no puedan desarrollar estrategias para protegerse de la infección.

La vulnerabilidad social de las mujeres al VIH

Los conocimientos y la información de que disponen las personas sobre el VIH son esenciales para su protección frente a la infección, ya que determinan su acceso a las medidas preventivas e interfieren en sus decisiones sobre los comportamientos de riesgo que asumen. En este sentido, el acceso a la educación puede ayudar a las mujeres a su empoderamiento y permitirles que se incorporen el sistema productivo. El acceso a la educación ( y mas tarde, al mercado de trabajo), permite que las mujeres puedan dejar de ser económicamente dependientes de sus parejas y evita que se expongan a situaciones que les puedan poner a riesgo de contraer VIH.  Además, otros elementos relacionados con factores individuales (tales como la percepción y la vivencia de la sexualidad, la independencia económica, las experiencias de violencia, la influencia de los hijos, el apoyo social y las normas sociales) influyen en la habilidades y estrategias que desarrollan las personas para reducir los riesgos frente al VIH.

La sexualidad

En la mayoría de las sociedades, el género determina qué y cómo se espera que conozcan hombres y mujeres sobre cuestiones con la sexualidad, y, por tanto, sobre los comportamientos sexuales seguros, las infecciones de transmisión sexual y la planificación familiar. Los conocimientos sobre la prevención de VIH tienen, como es obvio, importantes implicaciones sobre los comportamientos y actitudes que asumen las personas, tanto en el sentido de minimizar el riesgo individual de contraer VIH, como para minimizar el impacto del diagnostico de la enfermedad sobre las personas que viven con VIH.

En este sentido, muchas investigaciones han mostrado que el constructo social de la “feminidad” está ligado a la virginidad sexual y a la maternidad, y muchas culturas consideran que el desconociendo de las mujeres sobre los temas relacionados con el VIH es un signo de pureza.

En nuestro contexto, los cambios en los hábitos sexuales y reproductivos de las mujeres a lo largo de las últimas décadas han sido muy significativos. La sexualidad femenina se ha ido paulatinamente desligando de las funciones reproductivas, especialmente con la generalización de embarazo. A pesar de ello, el mensaje de la “necesaria” pureza sexual de las mujeres aún no ha sido desterrado y algunos factores sociales limitan la capacidad de las mujeres de expresar libremente sus preferencias y necesidades sexuales y lleva a que muchas antepongan la entrega a sus parejas a la protección de su salud.

En este sentido, muchas mujeres adoptan una actitud pasiva en la relación con sus compañeros sexuales y conceden prioridades al placer sexual de sus parejas, algo que dificulta que las decisiones sobre la actividad sexual, incluyendo la negociación del uso del condón, sean tomadas de formas consensuada y equitativa entre ambos miembros de la pareja.

De hecho, el uso consistente del condón es una medida efectiva para la prevención del VIH y de otras infecciones de transmisión sexual (ITS), pero su limitación principal radica en el hecho de que su utilización está influida por elementos sociales y culturales que otorgan su control al hombre.

Por otro lado, hay que tener en cuenta lo que significa que la feminidad este vinculada a la “virginidad” como signo de “pureza”. En un contexto en el que la pureza es un valor social, las mujeres se encuentran frenadas a informarse sobre las cuestiones relacionadas con la sexualidad, en parte por la presión social a la que están expuestas. Este hecho condiciona el acceso de las mujeres a la información sobre prácticas sexuales seguras que les permitan reducir su riesgo frente al VIH. De hecho, en muchos lugares, las mujeres no accedan a los recursos de información sexual por un miedo erróneo a que ello ponga en cuestión si virginidad o a que sean percibidas como mujeres “promiscuas”. Estas normas sociales   conducen a que las mujeres estén muy pocas informadas sobre reproducción y sexualidad, por lo que carecen de conocimientos sobre como protegerse del VIH. De hecho, en algunos casos la información sobre el uso de métodos barrera esta tan limitada que las mujeres desconocen el funcionamiento del preservativo y , por ello, prefieren no utilizarlo porque no sabrían como actuar, por ejemplo, si se produjera una rotura del condón o si se quedara alojado en la vagina.

Por otro lado, este mismo valor social que se le concede a la virginidad femenina en algunas culturas tiene importantes implicaciones sobre la salud de las mujeres. No existen mucha evidencia científica sobre esta cuestión, pero algunas investigaciones han mostrado como para poder preservar su virginidad y prevenir los embarazos no deseados, las mujeres jóvenes no casadas recurren a prácticas sexuales como sexo anal. En este tipo de prácticas la probabilidad de sufrir desgarros es relativamente elevada y esto puede incrementar exponencialmente su riesgo de contraer VIH.

Adicionalmente, y aunque esto no sucede en nuestro país, algunas sociedades vinculan la virginidad como símbolo de pureza y, por tanto, de limpieza de enfermedad (de VIH). En áreas de elevada prevalencia se ha documentado que algunos hombres mayores creen que las mujeres vírgenes pueden curarles del VIH, por lo que tienen relaciones de riesgo con estas mujeres (en algunos casos forzándolas, en otras a cambio de dinero o de regalos).

Exposición a la violencia

Los estudios muestran como en nuestro contexto las mujeres están mas expuestas a la violencia psicológica, física y sexual que los hombres. Las causas de esta sobreexposición femenina a la violencia son múltiples, pero están muy relacionadas con los roles de genero y la desigualdad en la estructura del poder.  

La exposición a la violencia esta, además, relacionada con las practicas sexuales que pueden asumir las mujeres. Por ejemplo, una mujer puede sentir miedo a proponer el uso del preservativo en el contexto de una relación sexual con su pareja por temor a que genere desconfianza de él. En este sentido, muchas investigaciones han mostrado como las mujeres no proponen el uso del preservativo por miedo a sufrir reacciones violentas por parte de sus parejas.

La preponderancia masculina también se manifiesta en la voluntariedad de las relaciones sexuales. En este sentido, numerosos estudios muestran que muchas mujeres son forzadas mantener relaciones sexuales por sus parejas, que en muchos casos los obliga a tener relaciones brutales, que, como ya hemos visto, les pueden producir desgarros vaginales y las hacen más vulnerables al VIH. En estos casos, la opción de negociar el uso de condón es irreal.

La dependencia económica  

Por otro lado, las desigualdades de genero en las estructuras de poder se traducen en una posición desigual de las mujeres en el sistema productivo que deriva, además, en la dependencia económica de las mujeres de sus parejas. En este contexto, las mujeres pueden mantener y perpetuar una relación de pareja por las presiones económicas que sufren y por miedo a quedarse desamparadas económicamente. Esta dependencia económica lleva a que, en ocasiones, se perpetúen relaciones de pareja abusivas y las mujeres se encuentren suspendidas a mantener relaciones sexuales forzadas.

Esta misma desigualdad económica lleva a que en los casos en los que las mujeres se encuentran en situaciones de exclusión social y económica, recurran al trabajo sexual como único medio para asegurar las necesidades básicas a sus familias y garantizar su propia supervivencia y la de sus familias. En estos casos, el sexo es utilizado como un elemento de transacción, ya que se cambia por dinero, regalos, drogas y, en el caso de las redes de tráfico de mujeres de origen extranjero, por el pago de una deuda contraída con la organización.

En este escenario, en el que las mujeres se ven forzadas en mayor o menor medida a recurrir al trabajo sexual la negociación del uso del condón resulta aún mas difícil, especialmente si los clientes se niegan a utilizarlo. En los lugares en los que la prostitución no es legal la vulnerabilidad de las mujeres que se dedican a la industria del sexo es aún mayor, puesto que no pueden recurrir a programas e intervenciones o servicios que las pueden proteger de esta vulnerabilidad.

Vulnerabilidad de la mujer al VIH

El acceso a los sistemas de salud

Las cargas familiares, la limitada capacidad para desplazarse (tanto por la limitación de disponibilidad de tiempo, como de recursos económicos para cubrir los costes de los desplazamientos) y la limitación de recursos, llevan a que las mujeres presenten barreras específicas de acceso a los sistemas sanitarios, incluyendo los servicios de atención sexual y reproductiva. Además, algunas investigaciones han demostrado que las mujeres no acuden a los servicios de atención de infecciones de transmisión sexual por la inespecificidad de la sintomatología o porque consideran que la dolencia no es suficientemente importante como para solicitar atención.

Vulnerabilidades al VIH de los hombres

Tal como hemos visto en la parte dedicada a analizar la epidemia de VIH, los hombres se ven afectados de una forma muy importante por el VIH. En Europa y en España, la epidemia de VIH esta muy masculinizada, y una proporción sustantiva de las nuevas infecciones se producen en HSH. Por ello, se deben abordar de forma específica también las vulnerabilidades a las que se enfrentan los hombres, para entender el proceso por el cual la epidemia es la que es en nuestro contexto.

La vulnerabilidad biológica

Los hombres también presentan una vulnerabilidad al VIH especifica y que tiene importantes implicaciones para la transición del VIH entre los hombres que tienen sexo con hombres y que realizan practicas de sexo anal no protegidas.

La vulnerabilidad biológica de los hombres al VIH se debe a varias cuestiones. Poe un lado, y sin entrar en las explicaciones más biomédicas de esa cuestión, la mucosa del recto es especialmente susceptible a la infección por el VIH. Además, existen algunas razones anatómicas. El recto es un órgano extenso con mucha superficie que puede estar expuesta al virus y, además, esta formado por un tejido con una elevada presencia de vasos sanguíneos.

Además, puesto las relaciones sexuales son más traumáticas, la posibilidad de que se produzca un desgarro es mayor. El recto tiene un revestimiento muy fino que puede sufrir un desgarro con cierta facilidad y una pequeña lesión permite el acceso del VIH y facilita la transmisión.

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